El tratamiento habitual combina medicación, casi siempre psicoestimulantes que aumentan la disponibilidad de dopamina y noradrenalina, con terapia conductual; también existen opciones no estimulantes, como la atomoxetina o la guanfacina. Con los niños pequeños se suele empezar por la intervención conductual y el trabajo con los padres, sobre la rutina y la motivación; con los adultos se añade apoyo terapéutico y cambios en la forma de organizar el día. Son intervenciones con evidencia sólida detrás y siguen siendo la base.